2/11/12

Infinitas líneas de JVY...


1.
 
  Al instante de abrir los ojos, un hermoso sonido de piano dejó de sonar.

 Me encontré sentado frente a un gigantesco piano de cola negro de delicadas teclas y suaves  matices, en aquel momento me di cuenta de que yo era quién tocaba aquel majestuoso instrumento.

  No recordaba nada, ni siquiera que hacía sentado ahí. Me quité unos guantes de fino cuero negro que llevaba puesto y los solté encima del piano. Aún soñoliento, miré a mi alrededor e intenté recordar cómo había llegado hasta aquí.

  Estaba en una habitación de cuatro elegantes paredes altas, las paredes parecían impregnadas de un cuidado e intenso brillo independiente del mármol que contenían, el suelo estaba tan reluciente y limpio que sus baldosas reflejaban hasta la última esquina de la habitación, y el techo, muy por encima de mí, era precioso y cálido a la vez que imponente. Aquel sitio estaba sostenido por una completa armonía.

  En la habitación no había ninguna puerta, solamente una gran ventana era la que iluminaba  aquel espacioso lugar. La escasa luz que entraba por ella era muy cálida, como cuando el sol empieza a esconderse y los últimos rayos se convierten en los más gratificantes. Me levanté de aquel banquillo frente al piano y me dispuse a mirar el paisaje que se escondía tras la ventana. Unas esponjosas nubes rosadas cubrían un cielo totalmente anaranjado y, abajo, todo un gran campo de hermosas flores se dirigía hacia el horizonte escoltado por lejanas montañas. Aún así seguía sin comprender donde estaba.

  De repente, un casi imperceptible sonido que provenía del otro lado de la habitación hizo que me girara, una alta puerta acorde con las paredes de la habitación apareció sin explicación. Abandoné las increíbles vistas que me ofrecía aquella ventana, deje atrás el hermoso piano y decidí cruzar la puerta.

"JVY"

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