1.
Al
instante de abrir los ojos, un hermoso sonido de piano dejó de sonar.
Me encontré sentado frente a un gigantesco
piano de cola negro de delicadas teclas y suaves matices, en aquel momento me di cuenta de que
yo era quién tocaba aquel majestuoso instrumento.
No
recordaba nada, ni siquiera que hacía sentado ahí. Me quité unos guantes de
fino cuero negro que llevaba puesto y los solté encima del piano. Aún
soñoliento, miré a mi alrededor e intenté recordar cómo había llegado hasta
aquí.
Estaba
en una habitación de cuatro elegantes paredes altas, las paredes parecían
impregnadas de un cuidado e intenso brillo independiente del mármol que
contenían, el suelo estaba tan reluciente y limpio que sus baldosas reflejaban
hasta la última esquina de la habitación, y el techo, muy por encima de mí, era
precioso y cálido a la vez que imponente. Aquel sitio estaba sostenido por una
completa armonía.
En la
habitación no había ninguna puerta, solamente una gran ventana era la que
iluminaba aquel espacioso lugar. La
escasa luz que entraba por ella era muy cálida, como cuando el sol empieza a
esconderse y los últimos rayos se convierten en los más gratificantes. Me
levanté de aquel banquillo frente al piano y me dispuse a mirar el paisaje que
se escondía tras la ventana. Unas esponjosas nubes rosadas cubrían un cielo
totalmente anaranjado y, abajo, todo un gran campo de hermosas flores se
dirigía hacia el horizonte escoltado por lejanas montañas. Aún así seguía sin
comprender donde estaba.
De
repente, un casi imperceptible sonido que provenía del otro lado de la
habitación hizo que me girara, una alta puerta acorde con las paredes de la
habitación apareció sin explicación. Abandoné las increíbles vistas que me
ofrecía aquella ventana, deje atrás el hermoso piano y decidí cruzar la puerta.
"JVY"
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